“YO PUSE TODA MI CONFIANZA EN EL SEÑOR DE LOS MILAGROS”

Una propuesta para vivir y transmitir la fe en la familia

P. Jesús María Ortiz Orozco[1]

Consciente de la importancia que tiene la devoción del Señor de los Milagros en muchas familias, se ha decidido escribir este artículo con el fin de destacar cómo la fe del papá y de la mamá han ayudado a que sus hijos experimenten, a nivel físico y espiritual, el poder sanador de Dios. De ahí que, para el desarrollo de este tema se ha tenido en cuenta uno de tantos testimonios que se escuchan en Buga y en otros lugares donde se promueve el culto al Señor de los Milagros.

Esta experiencia narrada por un papá se pondrá en relación con el relato que presenta Mc 5,21-24.35-43. Allí también se encuentra el testimonio de un creyente, llamado Jairo, quien le suplica a Jesús para que sane a su hija, que está a punto de morir.

Además, se concluye proponiendo algunas líneas de acción para transmitir la fe de parte de los padres a sus hijos. Una fe que no sólo busca la sanación corporal sino también su vivencia.

  1. Testimonio de un papá, devoto del Señor de los Milagros

Una niña de Palmira, Valle: “Estando una hija mía de nueve años jugando en un segundo piso, el 15 de octubre de 1962, sus primitas la empujaron accidentalmente y cayó sobre el pavimento del andén. Cayó de cabeza y quedó como muerta. Llevada al hospital de Cali, estuvo más muerta que viva durante seis horas, vomitando sangre y con el aspecto de un monstruo. Los mejores doctores dijeron que no había esperanza de vida; que el cráneo estaba fracturado en 13 partes y el hueso frontal enteramente hundido e introducido en la masa cerebral; que la niña moriría o, en el mejor de los casos, quedaría sin el uso de los sentidos… y loca.

Yo puse toda mi confianza en el Señor de los Milagros y le hice una promesa de visitarlo en su Basílica y publicar el milagro si me la curaba. Y pedí a los doctores, en el nombre de Dios, que la intervinieran, a pesar de que no había ninguna esperanza, pues se me partía el alma verla en aquel estado. La intervención quirúrgica duró toda una noche, pero el milagro se hizo.

Gracias al Señor de los Milagros, la niña está ya normal y lo mismo de avispada y juguetona. Examinada por los doctores, no acaban de explicarse lo sucedido. La niña está bien y yo gustosamente cumplo la promesa” (con documento: Lilia García). (Monseñor Londoño, 2018, pp. 137-138).

En el relato anterior llaman la atención dos frases:

  • “Yo puse toda mi confianza en el Señor de los Milagros”. Se evidencia la fe del papá. Una confianza que probablemente -el texto no lo dice- fue recibida al interior de la su familia.
  • Gracias al Señor de los Milagros”. Con la segunda expresión se cumple la Palabra de Dios cuando afirma: “Quien confía en el Señor, no quedará defraudado” (Rom 10,11). El milagro se hizo realidad. Por eso, hay gratitud por parte de aquel papá que, a pesar del accidente de su hija, no perdió la esperanza en Dios.

En este sentido, se constata también que Jesucristo continúa pasando por la vida de su pueblo, haciendo el bien, como lo hizo hace dos mil años en Palestina. Teniendo presente esta realidad, a continuación, se hará un comentario al pasaje bíblico de Mc 5,21-24.35-43. En este texto, un papá llamado Jairo logra que Jesús sane a su hija.

  • Jesús sana la hija de Jairo: Mc 5,21-24.35-43

San Marcos expone el episodio de la sanación o la “resurrección” de la hija de Jairo. Este relato es interrumpido por la sanación de la mujer que sufría flujo de sangre. Por eso, la estructura literaria está organizada en tres partes; en este caso, sólo se tomará la primera y la tercera:

  • Jesús responde de modo positivo a la súplica de Jairo, quien pide la sanación de su hija (Mc 5,21-24).
  • Jesús sana a la mujer que llevaba doce años enferma de flujo de sangre (Mc 5,25-34).
  • Jesús sana (resucita) a la hija de Jairo (Mc 5,35-43).

Para una mayor comprensión se destacan la función del narrador y el discurso directo de los personajes.

21 Cuando Jesús pasó otra vez en la barca al otro lado, se reunió una gran multitud alrededor de Él; y Él se quedó junto al mar. 22 Y vino uno de los oficiales de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle se postró a sus pies.

 23 Y le rogaba con insistencia, diciendo:

Mi hijita está a punto de morir; te ruego que vengas y pongas las manos sobre ella para que sane y viva.

24 Jesús fue con él; y una gran multitud lo seguía y lo apretujaba.

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35 Mientras estaba todavía hablando, vinieron algunos de la casa del oficial de la sinagoga, diciendo:

Tu hija ha muerto, ¿para qué molestas aún al Maestro?

36 Pero Jesús, oyendo lo que se hablaba, dijo al oficial de la sinagoga:

No temas, solamente ten fe.

37 Y no permitió que nadie fuera con Él sino sólo Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 38 Fueron a la casa del oficial de la sinagoga, y Jesús vio el alboroto, y a los que lloraban y se lamentaban mucho.

 39 Y entrando les dijo:

¿Por qué hacen alboroto y lloran? La niña no ha muerto, sino que está dormida.

40 Y se burlaban de Él. Pero Él, echando fuera a todos, tomó consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con Él, y entró donde estaba la niña.

 41 Y tomando a la niña por la mano, le dijo:

Talitá kum (que traducido significa: Niña, a ti te digo, ¡levántate!).

42 Al instante la niña se levantó y comenzó a caminar, pues tenía doce años. Y al momento se quedaron completamente atónitos.

 43 Entonces les dio órdenes estrictas de que nadie se enterara de esto; y dijo que le dieran de comer a la niña.

En el texto se destaca el protagonismo de Jesús y de Jairo. Por eso, conviene resaltar el papel que tiene cada uno de ellos.

Jesús de Nazaret

Es el protagonista, ya que la trama gira en torno a Él, al realizar el milagro. El evangelista San Marcos, una vez más, da a conocer la actividad sanadora de Jesús, la cual se desarrolla geográficamente tanto en territorio judío como en territorio pagano:

– En Galilea: expulsa de un hombre un espíritu inmundo (Mc 1,21b-28); sana a la suegra de Simón (1,29-31); sana a la hemorroísa y devuelve la vida a la hija de Jairo (Mc 5,21-34).

– En lugares indeterminados: sana a un leproso (Mc 1,39-45) y a un niño epiléptico (Mc 9,14-29).

– En la región de los gerasenos: sana a un hombre, expulsándole una legión de demonios (Mc 5,1-20).

– En Tiro: libera de un espíritu inmundo a la hija de la sirofenicia, (Mc 7,24-30).

– En la orilla este del mar de Galilea: sana a un sordo y tartamudo (Mc 7,31-37).

– En Judea: sana a un ciego (Mc 8,22-26).

– En Jericó: sana a otro ciego (Mc 10,46-52).

Jesús es el personaje principal porque actúa a favor de Jairo y de la niña que había muerto según la gente, pero que dormía según Jesús.

En el proceder de Jesús se evidencia la escucha; atiende las palabras de Jairo y responde de modo positivo, no importa el momento, la posición social y el prestigio de Jairo, jefe de una sinagoga; no le interesa si la persona que sufre interviene directamente o a través de un familiar.

  • Jairo, el oficial de la sinagoga

Su nombre es pronunciado una sola vez (Mc 5,22), mientras que la mención de su ocupación es la manera de identificarlo con mayor frecuencia (Mc 5,22.35.36.38). Se destaca por su fe, la misma que lo llevó a buscar a Jesús y que, ante su presencia, cayó a sus pies (Mc 5,22). Su característica principal es su rol religioso en el entorno del relato. Por eso, el narrador insiste en que es jefe de la sinagoga.

En el evangelio según San Marcos la mayoría de las autoridades religiosas no creen ni aceptan que Jesús es el Hijo de Dios (Mc 2,6-7; 3,2.6.22; 8,1; 10,2; 12,13). Jairo se presenta como una excepción.

Más que su posición religiosa en medio de su entorno social, el papel de Jairo en el relato es el de un padre, quien, como otros miembros de su comunidad, se reconoce necesitado de ayuda y suplica a Jesús por el bienestar de su hija. Jairo es capaz de desconocer su estatus y humillarse a los pies de Jesús.

Al recordar el tema de este artículo, es necesario enfatizar aún más la fe de Jairo, un papá que supera obstáculos con el fin de obtener el bienestar de su hija, el suyo y el de toda la familia. Cifuentes Montoya (2019) afirma:

En esta ocasión, la fe de Jairo que viene en nombre de su hija tiene que superar los obstáculos que se le presentan, su estatus religioso, una multitud alrededor de Jesús, una mujer que se interpone en la marcha hacia su casa, un mensaje definitivo frente a la confirmación de la muerte de su hija. Su fe es sometida a prueba hasta el límite de la muerte, después de este gran número de obstáculos tendrá que esperar hasta el final para recibir la respuesta a su solicitud.

La súplica de Jairo y su actitud reverencial van acompañadas de una breve descripción del estado de salud de su hija, ella está agonizando, ἐσχάτως ἔχει (Mc 5,23). De manera directa y explícita pide a Jesús imponer las manos sobre ella para que se salve y viva. El narrador privilegia en este personaje una exposición a través de sus acciones (showing), las únicas palabras que se conocen de Jairo son las utilizadas parar mencionar la situación de su hija a Jesús en diminutivo θυγάτριόν μου- mi hijita, esta expresión hace pensar al lector la corta edad de esta mujer; con una indicación precisa sobre lo que espera que Jesús haga por ella se dirigen hacia su casa (p. 75).

Después de este comentario, se puede afirmar que la sanación tiene como trasfondo la fe de Jairo: “No temas; solamente ten fe”. Ante esta fe se evidencia la respuesta positiva de Jesús, quien le concede el milagro de la sanación o la “resurrección” de su hijita.

Al relacionar los dos testimonios: el del papá de la niña de Palmira-Valle y el de Jairo, jefe de la sinagoga, se constata que coinciden en:

  • La responsabilidad paternal, los dos son padres de familia.
  • El grave estado de salud de sus hijas, las dos están a punto de morir.
  • La fe que los motiva a buscar a Jesús y pedir el milagro de la sanación.
  • La superación de los obstáculos, el primero: los médicos no daban esperanza, el segundo: su estatus religioso, la mujer hemorroísa que se interpone, la noticia de la muerte de su hija.
  • La satisfacción y la alegría de obtener de Jesús el milagro.

Con base en lo expuesto, se proponen ahora líneas de acción para que se experimenten los frutos de la fe, de manera especial en la familia, que no sólo haya sanaciones a nivel físico sino también espiritual. Se espera que las familias sean escuelas de fe, donde se transmitan los valores del Reino de Dios, predicados y vividos por Jesús de Nazaret, el Señor de los Milagros.

  • Propuesta para vivir y transmitir la fe en familia

Monseñor Noel Londoño (2018), en el libro: Guía del peregrino, recomienda que:

Sin fomentar el “milagrismo”, debemos reconocer que la fe del pueblo sencillo alcanza de Dios verdaderos milagros. Si bien es cierto que no todo lo llamativo que ocurre en la Basílica es de por sí un milagro, también es cierto que hay muchos hechos que manifiestan la misericordia divina y hacen crecer la fe de los fieles.

Además de los milagros físicos y materiales (salud, éxito económico o académico), hay que hablar del verdadero y constante milagro de las conversiones… Cuántas parejas a punto de romper han revitalizado su matrimonio. Cuántos encerrados en sus traumas y en el peso del propio pasado han alcanzado la liberación interior y la paz espiritual (pp. 78-79).

A continuación, se exponen siete líneas de acción con el fin de ayudar a padres y madres en su compromiso de transmitir y vivir la experiencia de Dios a sus hijos, al estilo del papá, devoto al Señor de los Milagros y de Jairo, el jefe de la sinagoga, quienes superaron obstáculos y perseveraron hasta lograr lo que necesitaban para el bienestar de sus seres queridos.

  • Leer y practicar la Palabra de Dios

Jesús dice que el que escucha su Palabra y no la practica, se parece a un hombre necio que edificó su casa sobre arena: vinieron los vientos y dieron contra la casa y esta se derrumbó. Pero el que escucha su Palabra y la vive, es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca:  las tormentas no lograron derrumbarla (Cfr. Mt 7,24-27).

En efecto, en la Sagradas Escrituras se hallan varios pasajes donde se indica el compromiso de vivir y transmitir la fe practicando la Palabra de Dios:

Y cuando sus hijos les pregunten qué significa este rito, les responderán: es el sacrificio de la Pascua del Señor. Él pasó en Egipto, junto a las casas de los israelitas, hiriendo a los egipcios y protegiendo nuestras casas (Éx 12,26-27).

Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las enseñarás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado (Dt 6,6-7).

Lo que oímos y aprendimos, lo que nos contaron nuestros padres no lo ocultaremos a nuestros hijos, lo contaremos a la siguiente generación: las glorias del Señor y su poder y las maravillas que realizó (Sal 78,3-4).

Acuérdate del Señor todos los días de tu vida, hijo mío, y no peques deliberadamente ni quebrantes sus mandamientos. Realiza obras de justicia todos los días de tu vida y no sigas los caminos de la injusticia (Tob 4,5).

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: “Todo varón primogénito será consagrado al Señor” (Lc 2,22-23).

Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre (Lc 2,41-42).

Porque tengo presente la sinceridad de tu fe, esa fe que tuvieron tu abuela Loide y tu madre Eunice, y estoy convencido de que tú también tienes (2 Tm 1,5).

Con lo anterior, se sugiere que nunca falte en casa la lectura orante de la Biblia. También las familias están invitadas a celebrar la Eucaristía, donde se lee y se medita la Palabra de Dios. De tal modo, que al confrontar el mensaje con la vida personal y familiar se consolide la fe y su vivencia en la fraternidad de los padres con los hijos. Será de gran utilidad leer el capítulo 11 de la Carta a los Hebreos; su autor presenta personajes bíblicos que se destacaron por su fe.

  • Orar en familia

En este artículo se han presentado dos testimonios que dan ejemplo de la importancia de perseverar en la oración. Cuando una familia ora unida, permanece unida. Además de obtener aquello que se pide, se logra también el milagro de la unidad familiar.

Jesús invita a orar siempre y sin desfallecer (Leer Lc 18,1-8). Sin embargo, existen momentos cruciales que afectan más el bienestar de la familia y que pueden desanimar esta virtud, como cuando se presenta una enfermedad. El Papa Francisco opina al respecto: “La Iglesia invita a la oración continua por los propios seres queridos afectados por el mal. La oración por los enfermos no debe faltar nunca” (Audiencia general, miércoles 10 de junio de 2015).

En Amoris laetitia, n. 288, el Papa Francisco afirma también:

Es fundamental que los hijos vean de una manera concreta que para sus padres la oración es realmente importante. Por eso los momentos de oración en familia y las expresiones de la piedad popular pueden tener mayor fuerza evangelizadora que todas las catequesis y que todos los discursos. Quiero expresar especialmente mi gratitud a todas las madres que oran incesantemente, como lo hacía Santa Mónica, por los hijos que se han alejado de Cristo.

Cuando la familia ora de verdad, sus frutos se hacen visibles en su relación con Dios y con los demás. Se consolida la honestidad y la transparencia de sus miembros, porque sus corazones se abren a la gracia santificante de Dios.

  • Dar testimonio a nivel personal y familiar

Los responsables del hogar deben tener autoridad moral para que su mensaje llegue a sus hijos y cumpla su propósito. No se puede exigir algo cuando no se ha dado. Larrú (2015) comenta:

Los padres son los primeros testigos de la fe ante sus hijos… Los padres, como testigos privilegiados del amor de Dios, han de poner en relación con Dios a sus hijos. El testigo es, por ello, aquel que introduce a un tercero en el interior de una lógica triádica… La forma del testimonio es la vía privilegiada para transmitir la fe, pues se trata de comunicar una experiencia, no de repetir un discurso sobre la religión, aunque sea correcto. En el testimonio, como ocurre en la Revelación divina, los gestos y las palabras se dan intrínsecamente unidos (pp. 7-8).

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la pareja está expuesta a las tentaciones. Por eso, Jesús recomendó orar para no caer en ellas (Cfr. Mt 26,41), incluso en la oración del “Padre Nuestro” cuando se le pide a Dios: “No nos dejes caer en la tentación y líbranos de mal”.

  • Pedir y conceder el perdón

En la familia no sólo fallan los que la dirigen, también los hijos pueden fallar. Por eso, una familia comprometida con la vivencia de la fe está dispuesta a perdonar. El padre Guillermo Giraldo (2017), sugiere algunas estrategias para pedir y otorgar el perdón en el hogar:

Debemos acostumbrarnos a pedir perdón. Cuando notemos que en algo hemos fallado o disgustado al otro, tengamos entonces la sencillez de pedir perdón. Pedir perdón no humilla a nadie. Por el contrario, deja ver la grandeza del alma y la nobleza de los sentimientos. Ocasiona también crecimiento en la confianza y el amor.

Jamás echar en cara lo que ya hemos perdonado. Si perdonamos gratuitamente, no echemos en cara lo que ya hemos perdonado. Es como arrepentirnos de haber perdonado… algo así como cobrar dos veces una misma deuda (pp. 155-156).

Jesucristo con su vida, muerte y resurrección enseñó lo maravilloso de la experiencia del perdón. Por ejemplo, a Pedro lo invitó a perdonar siempre y aunque en la pasión le falló negándolo tres veces, después de la Resurrección le encomendó apacentar su rebaño.

Una familia que perdona y pide perdón es una familia de Dios, porque ya vive la fe en Cristo, el Señor de los Milagros.

  • Comprender que la sociedad ha cambiado

Es importante que los padres de familia se concienticen de cómo ha cambiado la sociedad y la mayoría de las instituciones, porque esta nueva realidad influye en las nuevas generaciones, sobre todo en su forma de creer. Es preciso que los padres de familia comiencen a marcar la diferencia y a mantener las virtudes cristianas que caracterizan una familia que, a pesar de los cambios sociales, culturales y religiosos quiere vivir según el evangelio.

Es preocupante ver a adolescentes y jóvenes que flaquean en su fe, cuando sus amigos los ridiculizan por sus convicciones religiosas, o cuando encuentran profesores que dan su punto de vista desde perspectivas ateas.

Los padres de familia tienen que facilitar la confianza con los hijos, dedicarles el tiempo necesario para conversar. En este mismo ambiente de amistad, el hijo poco a poco va escuchando hablar de Dios, de su amor y misericordia para la humanidad, haciendo suyos cada uno de los conocimientos recibidos y teniendo en cuenta lo que dice San Pablo: “No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Rom 12,2).

  • Enseñar a percibir las razones y la hermosura de la fe

La experiencia de la espiritualidad familiar demuestra que cada día es más complejo educar los hijos en la fe, puesto que la secularización y la indiferencia religiosa cada día son más notables en la sociedad. Por consiguiente y como dice el Papa Francisco:

El hogar debe seguir siendo el lugar donde se enseñe a percibir las razones y la hermosura de la fe, a rezar y a servir al prójimo. Esto comienza en el bautismo, donde, como decía san Agustín, las madres que llevan a sus hijos «cooperan con el parto santo». Después comienza el camino del crecimiento de esa vida nueva. La fe es don de Dios, recibido en el bautismo, y no es el resultado de una acción humana, pero los padres son instrumentos de Dios para su maduración y desarrollo. Entonces «es hermoso cuando las mamás enseñan a los hijos pequeños a mandar un beso a Jesús o a la Virgen (A.L. n° 277).

A medida que se perciba de esta manera la fe, se van superando el secularismo y la indiferencia religiosa, que perturban la vivencia de la fe en familia.

  • Formar a los hijos en la iniciación cristiana

Los sacramentos son siete y se dividen en tres grupos: a) De iniciación cristiana: Bautismo, Eucaristía y Confirmación; b) De sanación: Confesión y Unción de los enfermos y c) De servicio a la comunidad: Orden sacerdotal y Matrimonio.

Los padres de familia son los primeros responsables de catequizar o formar a sus hijos en la recepción, celebración y vivencia de los sacramentos, de modo particular los que corresponden al primer grupo.

Cárdenas Glez (2020), comenta:

En general podemos decir que la catequesis en y desde la familia tiene una misión de iniciación a la vida cristiana, pues precede, acompaña y enriquece toda otra forma de catequesis. En la familia los papás tienen la misión de ser los primeros educadores en la fe, del despertar el sentido de Dios, de los primeros pasos en las oraciones sencillas, de la experiencia del amor humano inspirándose en el amor de Dios. Esta catequesis es más de testimonio que de instrucción, más ocasional que sistemática, es decir, no se trata tanto de seguir un libro con sus apartados o capítulos (p. 31).

La familia que cree y espera en Jesucristo, Señor de los Milagros, tiene ya una base para seguir fomentando la fe en sus hijos. Seguramente que la niña de Palmira, Valle, al igual que la hija de Jairo, después de los milagros de su sanación, nunca olvidaron lo que hizo Jesús, gracias a la fe de sus padres. Sin duda, que, como madres (si lo fueron) también transmitieron esa fe a sus hijos. Probablemente tuvieron en cuenta todas o algunas de las siete líneas de acción expuestas anteriormente.

Ojalá las páginas que Usted acaba de leer le ayuden a consolidar su fe en Dios y pueda transmitirla y vivirla en los diferentes ambientes donde vive, de modo especial, en su familia. No olvide que creer y confiar en Dios es un privilegio, de lo contrario la hija del devoto al Señor de los Milagros y la de Jairo, no hubiesen superado las consecuencias del accidente y la “muerte”.

Para responder y compartir en familia

  • ¿Cuál es su experiencia de fe?
  • ¿Puede afirmar que es devoto del Señor de los Milagros?
  • ¿Cómo transmite y vive la fe en su familia?
  • ¿Su fe se identifica con los dos testimonios presentados en estas páginas?
  • ¿Cuál es la frase que más le llamó la atención del papá que le hizo la promesa al Señor de los Milagros?
  • ¿Cuál de las siete propuestas se le dificulta poner en práctica?

Bibliografía

Cárdenas Glez, Hermilio (2020). Transmitir la fe desde la familia en tiempo de pandemia. En J. Díaz Tejo, Después de la pandemia ¿Qué catequesis? (pp. 28-32). Ediciones Universidad Finis Terrae.

Cifuentes Montoya, Leidy Johanna (2019). Perspectivas bíblico-teológicas de muerte-vida a partir de un acercamiento narrativo a Mc 5,21-43. Universidad San Buenaventura.

Giraldo Cardona, Guillermo (2017). Cartas a parejas. La gloria de Dios en el amor humano. Lecat Ltda.

Larrú, Juan de Dios (2015). www.observatorio.campus-virtual.org. Obtenido de https://cutt.ly/hFBDG2E

Monseñor Londoño, Noel (2018). Guía del peregrino. Lecat Ltda.

Papa Francisco (2016). Exhortación Apostólica Postsinodal Amoris laetitia.


[1] Misionero redentorista, Miembro de la Comisión teológica y pastoral Señor de los Milagros, Licenciado en Filosofía y en Teología en la Fundación Universitaria San Alfonso, y Licenciado en Teología bíblica en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.