Viernes 29 de abril

Primera lectura

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 5,34-42

En aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la Ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín, mandó que sacaran fuera un momento a aquellos hombres y dijo: “Israelitas, pensad bien lo que vais a hacer con esos hombres. No hace mucho salió un tal Teudas, dándoselas de hombre importante, y se le juntaron unos cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, dispersaron a todos sus secuaces, y todo acabó en nada. Más tarde, cuando el censo, salió Judas el Galileo, arrastrando detrás de sí gente del pueblo; también pereció, y dispersaron a todos sus secuaces. En el caso presente, mi consejo es éste: No os metáis con esos hombres; soltadlos. Si su idea y su actividad son cosa de hombres, se dispersarán; pero, si es cosa de Dios, no lograréis dispersarlos, y os expondríais a luchar contra Dios.”

Le dieron la razón y llamaron a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los apóstoles salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús. Ningún día dejaban de enseñar, en el templo y por las casas, anunciando el Evangelio de Jesucristo.

Palabra de Dios…

Salmo responsorial: Sal 26

El Señor me protegerá el día del peligro

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? R.

Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida;

 gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo. R.

Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor. R.

Evangelio de hoy

Lectura del Santo evangelio según San Juan 6,1-15

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: “¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?” Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le contestó: “Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.”

Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: “Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?” Jesús dijo: “Decid a la gente que se siente en el suelo.” Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.

Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: “Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.” Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: “Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.” Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

Palabra del Señor…

Reflexión

A partir de hoy estaremos leyendo el cap. 6 del Evangelio de San Juan que nos trae el discurso sobre el Pan de vida y que lo introduce el Evangelista con la multiplicación de los panes , signo de la Eucaristía.  El ponernos a la escucha de la Palabra de Dios al leer estos textos constituye una oportunidad pascual para profundizar el tema de la fe en Jesús como verdadero Pan de vida bajado del cielo que se nos da en el sacramento de la Eucaristía. 

La multiplicación de los panes es uno de los grandes signos de autorrevelación de Jesús que tenemos en el cuarto evangelio. El relato comienza por hacer notar que “estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos”.  Alusión que hace el evangelista a la pascua nueva, en la que Jesús iba a ser sacrificado como nuevo cordero pascual.

De este modo, su carne sacrificada será la comida de la nueva pascua cristiana”.  “Además de esta perspectiva pascual, en el signo de la multiplicación de los panes podemos distinguir tres dimensiones o características: su valor mesiánico, su intencionalidad eucarística y su referencia eclesial.

Notemos que Juan llama a los milagros, signos y que Juan no trae en su evangelio el relato de la institución de la Eucaristía como sí lo hacen los sinópticos o los primeros tres evangelistas. De ahí la intencionalidad eucarística del hecho que aparece visible en el marco ritual y literario del mismo. Los gestos del Señor son idénticos a los de la última cena: “Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados”. Después mandó recoger las sobras para que nada se desperdiciara. “El valor mesiánico de la multiplicación se desprende de su condición de milagro, que, como tal, anuncia la llegada del Reino y de los tiempos mesiánicos para los pobres de Dios, que le seguían porque habían visto los signos -las sanaciones- que hacía con los enfermos”. Su entusiasmo colectivo desborda al final: “Este sí que es el profeta que tenía que venir al mundo”. Pero Jesús, sabiendo que lo querían hacer rey se retiró otra vez a la montaña él solo.”      

La referencia eclesial de los panes radica en la condición itinerante del nuevo pueblo de Dios que es la Iglesia. Si el maná fue el alimento de Israel, peregrino en el desierto, el pan de vida, que es Jesús, será quien sacie el hambre y la sed del nuevo pueblo de Dios a lo largo de los siglos.” 

Te bendecimos, Padre, porque nos invitas a sentarnos a la mesa en que tu Hijo, Cristo Jesús, multiplica el pan para los hambrientos del mundo.       

Haz que seamos generosos en servir a los más pobres y estemos dispuestos a compartir lo que somos y tenemos.

JGC