San Clemente

Biografía

Clemente María Hofbauer nació el 26 de diciembre de 1751 en Tasswitz, al sur de Moravia (República Checa), en una familia bohemia-alemana devota en la fe católica. Era el noveno de 12 hijos. Su padre murió antes de cumplir él los siete años. Aprendió el arte de panadería en Znaim (hoy Znojmo), una pequeña población cerca de Tasswitz. Luego trabajó en el monasterio Premostratense en Kloster Brück, donde tuvo acceso a la escuela. Por algún tiempo vivió como ermitaño no lejos de su pueblo, y luego en Quintiliolo, cerca de Tivoli a las afueras de Roma. Hizo cursos de Filosofía y Teología en la Universidad de Viena. 

En 1784, ingresó en la Congregación del Santísimo Redentor en Roma, tomando el nombre religioso de Clemente. El 19 de marzo de 1785 hizo su profesión religiosa y luego recibió su ordenación sacerdotal, probablemente diez días después, el 29 de marzo. Pasó algún tiempo en Frosinone, donde completó sus estudios teológicos. En el otoño de 1785 fue enviado junto con su compatriota Tadeo Hübl al norte para intentar la fundación de la Congregación al otro lado de los Alpes.

En febrero de 1787 Clemente llegó a Varsovia y comenzó su apostolado en una pequeña Iglesia dedicada a San Benón, a orillas del río Vístula. Rápidamente transformó la Iglesia, que estaba relativamente abandonada, en un centro vivo de actividad pastoral. Instituyó una especie de ‘misión permanente’ con celebración de la eucaristía diaria (en polaco, alemán y, algunas veces, en francés), la predicación vibrante, las confesiones, y muchas otras prácticas devocionales. Promovió un ambiente de culto solemne, agregándole el gran valor de la música y el canto litúrgico. En medio de la conmoción política, la iglesia siempre estuvo bien mantenida y decorada con flores, manteles y bancas de buena calidad; las ceremonias eran siempre bien preparadas. También comenzó un noviciado y una casa internacional de estudios, y procedió a fundar otras casas de la Congregación al sur de Alemania y en Suiza.

Siendo él mismo huérfano de padre, fue muy sensible a los problemas de los niños y de los jóvenes. Para ese fin, organizó una escuela y un orfanato. Movido por un sentido práctico, pidió la colaboración activa de los laicos y fundó los Oblatos del Santísimo Redentor para defensa de la fe y de las costumbres, y en particular para la difusión de buenos libros. También inició una Congregación de religiosas, a la vez contemplativas y activas, y les encomendó la educación de la juventud y la asistencia de los pobres y los enfermos.

Después de que su grupo de redentoristas fue expulsado de Varsovia (1808), por orden de Napoleón, Clemente se fue a Viena, donde empezó trabajando en la capellanía italiana (templo de los franciscanos), y luego, en 1813, como confesor de las Hermanas Ursulinas y predicador en su capilla pública. Bajo su dirección, el templo del convento de las Ursulinas se convirtió en centro de actividad de la vida religiosa de Viena y centro de reforma de la predicación sagrada en la capital de Austria. Clemente repite con frecuencia: “Hay que predicar de nuevo el evangelio”. 

Consideró la ayuda a los moribundos y a los pobres parte importante del ministerio sacerdotal. También desarrolló un intenso apostolado personal, sobre todo con estudiantes y profesores. Frecuentó el ambiente cultural de la ciudad, en particular el ‘Círculo Romántico de Viena’, que incluía famosos escritores, políticos, profesores, sacerdotes, etc.

Clemente murió el 15 de marzo de 1820 y fue sepultado en el cementerio romántico de María Enzersdorf, cerca de Viena. Su lápida decía simplemente: “Clemente Hofbauer: siervo prudente y fiel”. En 1862, sus restos fueron trasladados al templo redentorista de María Stiegen en Viena.

Fue canonizado por Pio X el 20 de mayo de 1909. En 1913, fue proclamado patrono de los panaderos y en 1914 el segundo santo patrón de Viena.

Espiritualidad

Las características más importantes de la espiritualidad de Clemente fueron su fe inquebrantable en Dios y su total confianza en la divina Providencia, un espíritu de oración y contemplación, profunda devoción a María, fidelidad a la Iglesia y al Papa, y amor al fundador de la Congregación Redentorista. Hablando de fe, afirmaba: “De mi parte, no sé cómo concebir que sea posible vivir sin fe. Una persona sin fe se parece al pez que ha sido sacado de su ambiente natural”. En otra ocasión expresó: “Claro, soy un gran pecador, un hombre miserable, pero todavía poseo el tesoro que Dios me ha dado, el tesoro de la fe, una fe tan grande que nunca la cambiaría por nada del mundo. Soy católico de la cabeza a los pies”. Con frecuencia da gracias a Dios por el don de su fe y su vocación religiosa: “Dios mío, te doy gracias por mi santo bautismo, por mi vocación a la verdadera fe católica, por mi vocación y mi estado religioso, y te pido que me permitas vivir y morir en tu gracia”.

El amor de Clemente por la Iglesia y por el Papa era profundamente enraizado. Cuando predicaba siempre decía: “Si alguno no honra al santo Padre, tampoco honra su santa Iglesia, nuestra Madre. Quien no ora por sus padres es un hijo perverso, y quien no ora por el santo Padre es un mal cristiano”.

Oración

Dios, Tú eres bueno, compasivo y misericordioso con todos. Tú infundiste en San Clemente María Hofbauer un celo extraordinario por el bien de tu pueblo, especialmente de los pobres atribulados y abandonados del auxilio espiritual y material.

En San Clemente nos has revelado la riqueza amorosa de tu misericordia. Con su intercesión y su ejemplo, ayúdanos a permanecer fieles a la Iglesia Católica en el cumplimiento de la misión de la Congregación. Ayúdanos a seguir el camino que San Clemente nos señaló y que él recorrió primero. Escucha nuestra súplica, Señor Dios nuestro, por Jesucristo Redentor. ¡Amén!

Himno a San Clemente

Pasos largos por la calle estrecha rumbo al camino de la santidad, va Clemente llevando a los pobres el santo Evangelio que Jesús vivió. Cariñoso y con fe ardiente lleva un crucifijo, habla del amor; misionero, tras nueva esperanza, pleno de consuelo y confianza en...