Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (27 de junio)

Primera lectura

Lectura del libro del profeta Isaías 7,10-14.

En aquel tiempo, dijo el Señor a Acaz: “Pide una señal al Señor tu Dios en lo hondo del abismo o en lo más alto del del. Respondió Acaz: “No la pido, no quiero tentar al Señor”, Entonces dijo Dios: “Escucha, casa de David: no les basta cansar a los seres humanos, sino que cansan incluso a Dios. Pues el Señor, por su cuenta, les dará una señal. Miren: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, es decir, Dios con nosotros”.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Sal 70,1-5, 12

R./ En mi aflicción, ven en mi ayuda, Señor.

A ti, Señor, me acojo: No quede yo derrotado para siempre, Tú, que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina tu oído y sálvame. R/

Sé tú mi roca de refugio, el alcázar donde me salve. porque mi peña y mi alcázar eres tú, Señor. R/

Dios mío, líbrame de la mano perversa, porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud. R/

Dios mío, no te quedes a distancia; Dios mío, ven aprisa a socorrerme. R/

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan 19,25-27.

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de la madre: María la de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo.

Luego dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre.

Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Palabra del Señor.

Reflexión

La bienaventurada Virgen María, íntimamente unida al misterio de la salvación actuada por su Hijo Jesucristo, coopera con él en la redención del género humano. Por eso, ella es perpetuo socorro para todos.

Según una antigua tradición, una imagen bajo ese título fue llevada de la isla de Creta a Roma, a finales del siglo XV, y colocada luego en el templo de San Mateo, en la Via Merulana, entre San Juan de Letrán y Santa María La Mayor. Allí fue venerada por los fieles durante tres siglos, hasta la destrucción del templo por las tropas de Napoleón, en 1798. El hallazgo de la imagen, algunas décadas más tarde, movió a los redentoristas a solicitar al Sumo Pontifice que la venerada imagen regresara a la Vía Merulana, concretamente al templo de San Alfonso que estaba recién inaugurado. Así el Papa Pio IX, en 1866, confió a los redentoristas el icono y la difusión de la devoción a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

Esta advocación mariana es hoy una de las más conocidas y veneradas en el mundo entero.

Acógenos bajo tu manto, oh santa madre de Dios, y protégenos de todo peligro. Tú eres nuestro refugio y nuestra esperanza. No permitas que, a causa de nuestras culpas, seamos castigados. Y guíanos al puerto de salvación, oh virgen bendita.