Miércoles 11 de mayo

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 12, 24 — 13, 5ª

En aquellos días, la palabra de Dios iba creciendo y se multiplicaba. Cuando cumplieron su servicio, Bernabé y Saulo se volvieron de Jerusalén, llevándose con ellos a Juan, por sobrenombre Marcos.

En la Iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simeón, llamado Níger; Lucio, el de Cirene; Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes, y Saulo.

Un día que estaban celebrando el culto al Señor y ayunaban, dijo el Espíritu Santo: «Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado».

Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los enviaron. Con esta misión del Espíritu Santo, bajaron a Seleucia y de allí zarparon para Chipre.

Llegados a Salamina, anunciaron la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos.

Palabra de Dios…

Salmo responsorial: Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8

 R/. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben

Que Dios tenga piedad y nos bendiga,

ilumine su rostro sobre nosotros;

conozca la tierra tus caminos,

todos los pueblos tu salvación. R/.

Que canten de alegría las naciones,

porque riges el mundo con justicia,

y gobiernas las naciones de la tierra. R/.

Oh, Dios, que te alaben los pueblos,

que todos los pueblos te alaben.

Que Dios nos bendiga; que le teman

todos los confines de la tierra. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 12, 44-50

En aquel tiempo, Jesús gritó diciendo:

«El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas.

Al que oiga mis palabras y no las cumpla, yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo, lo hablo como me ha encargado el Padre».

Palabra del Señor…

Reflexión

“Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas”. Todos los que asumimos experimentar la Palabra de Dios y difundirla, sabemos que sólo lo podemos hacer cuando la convicción recrea lo consignado en la primera lectura: “con esta misión del Espíritu Santo, bajaron a Seleucia…”, o, dicho de otra manera, siguiendo el ejemplo de Pablo y Bernabé, quienes obedientes a la acción del Espíritu Santo y a la Iglesia orante, emprenden con dinamismo y valentía la tarea de evangelizar, de continuar la causa de Jesús resucitado. Estos misioneros y los de todos los tiempos han vivido muchas pruebas, dificultades, soledades, persecuciones… pero, cuando por encima de esta situación, está la presencia del Resucitado y el don del Espíritu que es luz que vence las tinieblas, se continúa con la misión con alegría y audacia, actitud que da crédito a la realidad descrita; “la palabra de Dios iba creciendo y se multiplicaba”. Obra de Dios, del Resucitado, del Espíritu, pero también de los misioneros que poseen en su corazón esta comunión trinitaria.

JGR