Miércoles 06 de julio

Primera lectura

Lectura del Profeta Oseas 10, 1-3. 7-8. 12

Israel era una viña frondosa

que daba abundante fruto.

Pero cuanto más se multiplicaban sus frutos,

más se multiplicaban sus altares paganos;

cuanto más rico era el país,

más ricos fueron sus monumentos a los ídolos.

Su corazón está dividido

y van a pagar sus culpas.

El Señor derribará sus altares

y demolerá sus monumentos.

Pero ellos dicen: “No tenemos rey”.

Pero si no temen al Señor,

¿qué podrá hacer por ellos el rey?

Samaria y su becerro desaparecerán

como espuma sobre el agua.

Todos los santuarios de los ídolos serán destruidos

y sobre sus altares crecerán espinas y cardos,

porque la idolatría ha sido el pecado de Israel.

Entonces gritarán a los montes: “¡Cúbrannos!”,

y a las colinas: “¡Sepúltennos!”

Siembren justicia y cosecharán misericordia;

preparen sus tierras para la siembra,

pues ya es tiempo de buscar al Señor,

para que venga y llueva la salvación sobre ustedes.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial: Sal 104, 2-3. 4-5. 6-7.

R. Recurramos al Señor y a su poder.

Entonen en su honor himnos y cantos

celebren los portentos del Señor.

Del nombre del Señor enorgullézcanse

y siéntase feliz el que lo busca. R.

Recurran al Señor y a su poder,

y a su presencia acudan.

Recuerden los prodigios que él ha hecho,

sus portentos y oráculos. R.

Descendientes de Abrahán, su servidor,

estirpe de Jacob, su predilecto,

escuchen: El Señor es nuestro Dios

y gobiernan la tierra sus decretos. R.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según San Mateo 10, 1-7

En aquel tiempo, llamando Jesús a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.

Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos del Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: “No vayan a tierra de paganos, ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos”.

Palabra del Señor.

Reflexión

La Buena Noticia de Dios, de la salvación y la vida que nos ofrece, debe ser anunciada a toda la humanidad. Cada generación es nueva, en la historia, y necesita ser evangelizada.

Por eso sigue en pie el encargo de Jesús. A unos se lo encomienda de un modo más intenso y oficial: a los obispos de la comunidad eclesial, que son los sucesores de esos doce apóstoles. Como también a sus colaboradores más cercanos, los presbíteros y los diáconos, que reciben para ello una gracia especial en el sacramento del Orden.

Pero es toda la comunidad cristiana la que debe anunciar la salvación de Dios y dar testimonio de ella con palabras y con obras. En el ámbito de la familia, del trabajo, del estudio, de la política, de los medios de comunicación, de la sociedad en general. En tierras de misión y en países cristianos.

Es lo mejor que un cristiano puede hacer, dar testimonio del amor y la cercanía de Dios a su alrededor, curar las dolencias, expulsar los demonios de nuestra sociedad, ayudar a que todos puedan vivir su existencia con esperanza y sentido. No todos somos sucesores de los apóstoles, pero todos somos seguidores de Jesús y debemos continuar -cada uno en su ambiente-, la misión que él vino a cumplir.

José Aldazabal (Tiempo ordinario).