Lunes 11 de julio

Primera lectura

Del Profeta Isaías 1,10-17

Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma; escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra: “¿Qué me importa el número de vuestros sacrificios? -dice el Señor-. Estoy harto de holocaustos de carneros, de grasa de cebones; la sangre de toros, corderos y chivos no me agrada. ¿Por qué entráis a visitarme? ¿Quién pide algo de vuestras manos cuando pisáis mis atrios? No me traigáis más dones vacíos, más incienso execrable. Novilunios, sábados, asambleas, no los aguanto. Vuestras solemnidades y fiestas las detesto; se me han vuelto una carga que no soporto más. Cuando extendéis las manos, cierro los ojos; aunque multipliquéis las plegarias, no os escucharé. Vuestras manos están llenas de sangre.

Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda.”

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Sal 49

R. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación

“No te reprocho tus sacrificios, / pues siempre están tus holocaustos ante mí. / Pero no aceptaré un becerro de tu casa, / ni un cabrito de tus rebaños.” R.

“¿Por qué recitas mis preceptos / y tienes siempre en la boca mi alianza, / tú que detestas mi enseñanza / y te echas a la espalda mis mandatos?” R.

“Esto haces, ¿y me voy a callar? / ¿Crees que soy como tú? / Te acusaré, te lo echaré en cara. / El que me ofrece acción de gracias, / ése me honra; / al que sigue buen camino / le haré ver la salvación de Dios.” R.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10,34-11,1

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: “No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a sembrar paz, sino espadas. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa.

El que quiera a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro”.

Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.

Palabra del Señor.

Reflexión

Una vez más, Dios se solidariza con los débiles y oprimidos. Una lección que sigue teniendo plena actualidad.

No podemos engañar a Dios con oraciones y ritos, si a continuación nuestro trato con los demás es injusto o egoísta. La liturgia no puede ser encubridora de nuestros fallos y tranquilizante de nuestras perezas. El salmo prolonga la voz del profeta: «no te reprocho tus sacrificios, pero no aceptaré un becerro ni un cabrito… tú que te echas a la espalda mis mandatos. Esto haces ¿y me voy a callar?».

Nos gustaría que todo consistiera en cantar bien o en ofrecer unos sacrificios o unas limosnas. Pero a eso -que es bueno- debe acompañarle la caridad, la misericordia, la justicia: que seamos defensores de los oprimidos y abogados de los débiles. A los que «vamos a misa», ¿se nos podría acusar de que, luego, somos los que peor tratamos a los demás en casa o en el trabajo?

José Aldazabal (Tiempo ordinario).