Jueves 18 de agosto

Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel 36, 23-28

Esto dice el Señor: «Manifestaré la santidad de mi gran nombre, profanado entre los gentiles, porque vosotros lo habéis profanado en medio de ellos.

Reconocerán las naciones que yo soy el Señor —oráculo del Señor Dios—, cuando por medio de vosotros les haga ver mi santidad.

Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países y os llevaré a vuestra tierra.

Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.

Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.

Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Sal 50, 12-13. 14-15. 18-19

R/. Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará de todas vuestras inmundicias.

Oh Dios, crea en mi un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme.

No me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu. R/.

Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso.

Enseñaré a los malvados tus caminos,

los pecadores volverán a ti. R/.

Los sacrificios no te satisfacen:

si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

El sacrificio agradable a Dios

es un espíritu quebrantado;

un corazón quebrantado y humillado,

tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.

Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.

El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego dijo a sus criados:

“La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:

“Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca.

Entonces el rey dijo a los servidores:

“Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.

Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».

Palabra del Señor.

Reflexión

“Medita lo que Dios te dice en el Evangelio Te escojo a ti. Ven, amada alma. Ven al banquete que desde toda la eternidad he preparado para ti. Todos los siglos han preparado este momento en el que no te llamo siervo, sino amigo. Ven, pues desde toda la eternidad te he llamado por tu nombre para que participaras de este banquete donde mi cuerpo es tu alimento y mi carne tu bebida. Eres mío, yo te he creado… pero no pienso obligarte a venir. Eres libre. Te he entregado el poder de ser feliz, pues de una manera o de otra, cuando amamos de verdad, eso es lo que hacemos: entregamos nuestra felicidad en las manos del amado. Ven, no tengas miedo. Ponte el traje de fiesta, lava tus vestiduras en la sangre que brotó de mi costado. Deja que mi perdón inunde los rincones más profundos de tu alma. Ven, todo lo he preparado para ti. Muero de ganas por compartir contigo este banquete. No me dejes esperar en vano. Algunos invitados incluso maltratan y asesinan a los siervos que llevan la invitación. No obstante, la falta de adhesión de los llamados, el proyecto de Dios no se interrumpe. Delante del rechazo de los primeros invitados, él no se desanima, no suspende la fiesta, pero antes propone la invitación, ampliándola hasta más allá de los límites razonables y manda a sus siervos a las plazas y a los cruces de las rutas para reunir a todos aquellos que encuentren” (Papa Francisco, Ángelus, 12 de octubre de 2014).