Dios es amor

Hubo un tiempo en el que muchos predicadores hablaban de un Dios que infundía terror y miedo, a quien había que servir por temor al castigo. Pero la Escritura nos invita a pensar en Dios como un ser de misericordia y de amor.

La Biblia usa diversas expresiones para hablarnos de su amor. En el profeta Isaías (49,1-16) Dios se nos compara con una mamá llena de cariño por sus hijos, que no los olvida.

El profeta Ezequiel (16, 8-14) compara también a Dios con un novio perdidamente enamorado de su novia. Una novia que no es bonita ni graciosa, pero a la que Él quiere con amor gratuito. La perfecciona, la embellece y la enriquece: Así es Dios. Dios enamorado de nosotros.

El profeta Oseas compara a Dios con un esposo obstinadamente fiel a su esposa. El mismo Oseas (11, 8-9) nos habla de Dios como un papá bueno que nos atrae con cuerdas de ternura.

Jesús, en el evangelio de San Lucas (15,11-24) nos presenta a Dios como un Padre bueno, lo llamaba Abbá que quiere decir papá querido.

Pablo, en la carta a los Romanos (8, 15) nos dice que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo.

Este Espíritu Santo nos ayuda a descubrir toda la ternura del amor de Dios Padre. Ese Espíritu ora y gime en nosotros clamando a Dios Abbá, papá querido.

Aprendan entonces a vivir, enseñados por el Espíritu Santo bajo la mirada amorosa del Dios bueno que los             quiere y los ama gratuitamente. Aprendan a sentir esa mirada amorosa de Dios en cada cosa, incluso en las dificultades. Esfuércense todos los días por corresponder a ese amor cariñoso de Dios.

Vivan bajo esta mirada de amor de Dios. Y procuren dar a conocer a los demás a ese Dios amor. Imiten a Dios que nos amó primero, amando generosamente a los demás. Sean misericordiosos como Él es misericordioso (Lc 6,36). Oren como Jesús: mi Padre y yo somos uno: El Padre y tú, papá son uno. El Padre y tú, mamá, son uno. El Padre y ustedes dos, papá y mamá, son uno.

Queridos míos, amémonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, pues Dios es amor (1Jn 4,7-8).